Textil [I]: Los Obreros a FINES del XIX

vista-parcial-de-alcoy-fabricas-archivo-municipal-de-alcoyComo es sabido, la industria textil alcoyana tiene un origen muy remoto y sus antecedentes han sido estudiados ya satisfactoriamente1.

En el siglo XVIII se produjo en la ciudad un proceso de industrialización, obligado por las exiguas posibilidades que para la subsistencia de su población ofrecía la agricultura. Para tal proceso se contaba con algunas circunstancias favorables: la abundancia de recursos naturales, proporcionados por los ríos Barxell y Molinar; una mano de obra barata y abundante proceden de su comarca, y unos capitales que las familias adineradas invertía en la ciudad. Pero se daban también circunstancias adversas_ la falta de materias primas y las dificultades de comunicación, que encarecían la producción textil alcoyana y la obligaron, tan pronto como comenzó la competencia, a especializarse en la producción de unos materiales de peor calidad, pero de menor precio, que el resto de los fabricantes españoles. Estos problemas se agravarían en el siglo XIX y ante ellos, los patronos no tenían más que dos soluciones: “evitar, sempre que siga posible, la competència i, sobretot, superexplotar la má d’obra; aquesta superexplotació de la força del treball contribuirá, d’altra banda, a polaritzar les classes socials y aguditzar els conflictes obrers, tan abundants en la história local2.

Durante00_TEXTIL la segunda mitad del siglo XVIII predominaba la manufactura dispersa o sistema “putting-out” que alcanzaría su máxima pujanza en los primeros años del siglo XIX: la mano de obra campesina se encargaba de las primeras y más simples etapas de la producción, el cardado e hilado de la lana, en tanto que el tisaje y demás operaciones posteriores de realizaban en el interior de la ciudad. Tras la guerra de la independencia, la industria textil alcoyana recuperó sus mercados tradicionales –los ejércitos y la América colonial- y descubrió uno nuevo, el andaluz. Entonces comenzó al proceso de mecanización de la primera etapa de la producción, es decir el cardado e hilado de la lana: en 1818 se instalaron las primeras máquinas y se dio así el primer paso para la desaparición del “putting-out system” y para la creación de una producción fabril. Pero al propio tiempo, la introducción de estas máquinas provocó la disminución de la mano de obra campesina, que reaccionó con la destrucción de las máquinas, fenómeno “luddita” que se repetiría en varias ocasiones hasta el año 18263.

27-04-1881A lo largo del siglo XIX continuó la mecanización de la industria, de forma que el sistema de factoría quedó sólidamente establecido en la ciudad en la década de 1850 a 1860, con la sustitución del huso manual por el mecánico. Se inició así la época dorada del textil alcoyano, en los años sesenta del siglo XIX: la burguesía local propició la mejora de las comunicaciones con València y Alicante y acometió el problema de la escasez de energía con la temprana utilización de las máquinas de vapor. Al propio tiempo mejoraba la situación financiera de la ciudad, con nuevas establecimientos de banca, y se realizaban diversas mejoras urbanísticas4.

11-04-1885Pero todo este proceso fue acompañado de una extraordinaria explotación de la clase trabajadora, que tenía una ocupación insegura y una existencia difícil: abundaba el trabajo femenino e infantil, menos pagado; los accidentes de trabajo estaban a la orden del día, la situación higiénica de viviendas y talleres dejaba mucho que desear, los salarios eran insuficientes para poder vivir, etc5.

Por todo ello no es extraño que surgiesen muy pronto conflictos sociales: así, una huelga de tejedores e hiladores en noviembre de 1840; disturbios contra los impuestos de consumo en 1854; huelgas aisladas en la Fábrica de Paños de Hijos de Terol en 1855 y de tejedores de algodón en 1856, y una importante huelga general en mayo de 1856. El despertar de la conciencia de clase del proletariado alcoyano era ya un hecho y así, 1.200 obreros firmaron la “Exposición presentada por la clase obrera a las Cortes Constituyentes” en 1855. Como se sabe, este proceso tendría su culminación en los años de la Primera República: en 1869 se constituyó en la ciudad la primera asociación obrera, la Sociedad de Tejedores en Lana; en 1870 los Tejedores locales estuvieron representados en el Congreso Obrero de Barcelona. Y en 1872 se consolidó la Federación local de la Asociación Internacional de Trabajadores. La insurrección de 1873, los sucesos denominados del “petrólio”, han sido también muy estudiados por autores como Clara E. Lida, Manuel Cerda, Josep Termes y otros6.

La represión por estos hechos fue muy grande y los últimos implicados en el proceso no abandonarían la cárcel hasta diciembre de 1887. Entre tanto, la industria textil llegaba, en los años ochenta, a una situación de crisis, que comenzó en 1882, como consecuencia de la pérdida del mercado andaluz, donde prioritariamente se vendían los productos alcoyanos, debido a su bajo precio, Esta crisis coincidió con la política librecambista: los industriales locales reivindicaron siempre una política proteccionista y se adhirieron a las iniciativas en ese sentido de los fabricantes textiles catalanes. En 1887 la prensa alicantina se hizo eco, en artículos publicados a lo largo de varios meses, de la crisis industrial alcoyana: suspensión de pagos, paralización de negocios, por escasez de ventas. En agosto de 1887 había centenares de obreros en paro y se temía el cierre de numerosas fábricas, y en octubre se hablaba de mendicidad y emigración de muchos trabajadores. Los fabricantes pidieron al Gobierno que rectificase su acuerdo de conceder en exclusiva a Béjar el suministro de paños para las tropas7.

En marzo de 1888 la prensa señalaba los primeros indicios de la superación de la crisis y hasta finales de siglo la producción se incrementó en un 250%, gracias a la aparición de nueva maquinaria y la mejora de las comunicaciones: en julio de 1892 se inauguraba el ferrocarril de Alcoi a Gandía, el “trenet dels anglesos”, que facilitaba la llegada de materias primeras y combustible. A finales de siglo, se obtuvieron importantes contratas para el ejército de Marruecos y las fábricas –algunas de las cuales daban ocupación ya a entre 250 y 300 obreros- elaboraban entre cinco y seis mil piezas de paño al año8.

La información oral y escrita recogida en 1884 en Alcoi por la Comisión de Reformas Sociales nos informa sobre la jornada laboral de los tejedores y la importancia del trabajo infantil en el sector: aunque predominaba el trabajo a destajo, lo que dificultaba el exacto conocimiento del horario de trabajo, todas las fuentes apuntan a que los obreros trabajaban once horas diarias y las mujeres y los niños, nueve, aunque también se dice que algunos obreros llegaban a trabajar, de vez en cuando, hasta dieciocho horas al día. En cuanto al trabajo infantil, ya se hizo constar en esa ocasión que los niños trabajaban, algunos a partir de los seis años, no por capricho de sus padres, sino por pura necesidad de “adquirir el pequeño jornal para atender a su manutención“, por lo que se concluía que, antes que pedir el cumplimiento de la legislación sobre el trabajo infantil, habría que aumentar el salario al obrero adulto para que no se viese forzado a poner a trabajar a sus hijos a tan temprana edad9.

En 1889 –cuando ya la industria textil comenzaba a resurgir- se produjeron varios conflictos laborales en el sector: entre el 22 y l 27 de marzo hubo una huelga de tejedores que intentaron que se confeccionasen unas Bases de trabajo10.

En el mes de julio, tras una nueva huelga de hiladores, se constituyó una Comisión Mixta de fabricantes y obreros, que estableció una tarifa “para el pago de la mano de obra a los operarios de los diversos aramos de la industria lanera”, excepto a los tejedores. En esa tarifa se detallaba el jornal –entre tres reales para los niños atadores y catorce para los desmontadores, con salarios medios de ocho a nueve reales-, la jornada laboral de once horas, tanto de día como de noche, con la excepción de las operaciones de enjugar y ensacar, que tenían menor duración- y otras condiciones del trabajo –como la remuneración de las horas extraordinarias la prohibición de trabajo en festivos, etc- de las diversas clases de operarios de la industria textil: desmontadores, diableros, mayordomos o contramaestres, hiladores, selfactineros, perchadores, aspadores, dobladores y borreros11.

Pero muy pronto este acuerdo fue vulnerado, “porque las oscilaciones de la industria y la célebre ley de la oferta y la demanda alteraron los jornales”, según afirmaba Rafael Altamira. Ello provocó una nueva huelga de los obreros en lana, en septiembre de ese mismo año12.

Tras los sucesos del Primero de Mayo de 1890, las autoridades t00_Panorámica_finlsXIX_Alcoiomaron grandes precauciones ante la Fiesta del Trabajo del siguiente año y el diario madrileño El Liberal publicó una serie de reportajes sobre las expectativas de tal fecha en los principales núcleos industriales de España: en el referido a Alcoi, se aseguraba que en la industria textil estaban ocupados 3.500 obreros, que trabajaban para 68 fabricantes, junto a unas 1.000 obreras. De ese total, unos 1.500 formaban el Gremio de Tejedores Mecánicos y a Mano, mientras que el resto se ocupaba de las secciones de hilatura, cardado, prensa, tintes, etc. El “Centro Instructivo de Tejedores a Mano”, que agrupaba a unos 600 obreros, había protestado ante el hecho de que varios fabricantes que habían aceptado la tarifa de julio de 1889 habían dejado de sujetarse a ella, “pagando los jornales a su capricho”. Ante la amenaza de huelga, el alcalde reunió a los fabricantes de la industria lanera, cuya inmensa mayoría se comprometió de nuevo a pagar la citada tarifa, en tanto que seis reclamaban su libertad de acción: el Centro Instructivo pidió los nombres de esos seis fabricantes que se negaban a aceptar el acuerdo y les anunció una huelga para el momento en que “las exigencias del trabajo hagan que la huelga sea más perjudicial para el dueño13. Así, entre el 20 y 1l 27 de julio de 1891 se declararon en huelga los tejedores a mano, que consiguieron la adhesión de todo el oficio de la manufactura en lana14.

En esos años se disputaban la dirección de la clase obrera alcoyana varias tendencias: de un lado, cierto “socialismo oportunista muy parecido al de Las Tres Clases del Vapor de Barcelona”, que se agrupaba en tono a la cooperativa “El Trabajo”, que contaba con unos seiscientos socios; otra tendencia, poco representativa, católica; los socialistas, agrupados en el Centro Instructivo, y, sobre todo, la Federación Alcoyana, de orientación anarquista y que agrupaba a unos cuatrocientos trabajadores: su más caracterizado dirigente era José Seguí Valls, que había jugado un importante papel en los hechos de 1873 –había estado preso durante varios años en Alicante- y que en 1872 había formado parte del Consejo de la Unión Manufacturera15.

En 1894 los tejedores, tras una asamblea e la Escuela de Párvulos, decidieron solicitar nuevas tarifas y acudir a la huelga; cincuenta fabricantes se mostraron dispuestos a aceptar las nuevas bases de trabajo, con tal de que fuesen aceptadas por todos; al no ser así, se produjo la huelga general de tejedores a mano, unos mil quinientos, entre hombres y mujeres. La huelga fue pacífica, salvo un pequeño incidente con algunos que se llevaban el trabajo a casa. La huelga duró tres días y el 14 de junio, reunidos en el Teatro Cervantes, se aceptó la tarifa que habían aprobado, a su vez, los fabricantes y que suponía varias mejoras. Un obrero señaló, sin embargo, la inutilidad de tales compromisos, aún suscritos ante notario, advirtiendo que sólo la unión y la solidaridad obrera garantizarían el fiel cumplimiento de lo acordado16. Por su parte El Serpis, periódico local, pedía a los fabricantes seriedad a la hora de cumplir los acuerdos “para no dar lugar con procedimientos abusivos a provocar la exasperación de los obreros”, pues existían “espíritus díscolos” que trataban de perturbar sus mentes17.

En diciembre se produjo una nueva huelga de tejedores, parcial –aunque contaron con la solidaridad de varios gremios- tras un mitin en el local de la Sociedad Obrera18.

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NOTAS:

1Sobre el tema, puede verse “La industria de Alcoy hasta 1900”, primer capítulo del estudio del Gabinete Sigma, La economía de Alcoy y comarca. Aspectos históricos y estructuras actuales. Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Alcoy. Valencia, s.a; Julio Berenguer, Historia de Alcoy. Tomos I y II, Librería Llorens. Alcoi, 1977; R. Aracil Martí, Industria y sociedad en Alcoy. 1700-1900; y R. Aracil y M. García Bonafé, “Els inicis de la industrialització a Alcoi”, en Recerques. Barcelona, 1973.

2R. Aracil – M. García Bonafé, Industrializació al País Valencia: el cas d’Alcoi. Tres i Quatre. Valencia, 1974, págs. 16-17.

3Puede verse sobre el tema el citado libro de Aracil y García Bonafé, y el de Manuel Cerdá, Lucha de clases e industrialización. La formación de una conciencia de clase en una ciudad obrera del País Valenciano (Alcoi, 1821-1873). Almudín. Valencia, 1980, págs. 31-47.

4Aracil – García Bonafé, obra citada, págs. 232-242.

5Capítulo “Nivel de vida e industrialización” en el citado libro de Manuel Cerdá, págs. 49-77. También el libro de Julio Berenguer proporciona numerosos datos, procedentes del Archivo Municipal de Alcoi, sobre el nivela de vida de la clase obreras en esos años.

6Clara E. Lida, Anarquismo y revolución en la España del siglo XIX. Madrid. Siglo XX,. 1972; R, Aracil y M. García Bonafé, “Classe obrera i cantonalisme a Alcoi (1873)”, en L’Avenç, febrero de 1979; Max Netlau, La première Internationale en Espagne (1868-1888). Dordrecht, 1969; Josep Termes, Anarquismo y sindicalismo en España. La Primera Internacional. Crítica. Barcelona, 1977. Pueden verse además los estudios de Botella Asensi (Vindicatoria de Albors) y Antoni Revert (Agustín Albors, entre la libertad y el orden), sobre la discutida figura del alcalde Albors, El libro de Rafael Coloma, La revolución internacionalista alcoyana de 1873. El petrólio, Alcoy, 1959, es muy tendencioso. Hay alusiones además en Anselmo Lorenzo, El proletariado militante. Y Manuel Cerdá publicó en València, en 1979, su tesis de licenciatura sobre “El movimiento obrero alcoyano: de los orígenes a la Internacional (1821 –1873)”.

7M. Aracil – M. García Bonafé, obra citada, págs, 242-251.

8Ibidem, págs. 251-252.

9Comisión de Reformas Sociales, Información oral y escrita. practicada en virtud de la Real Orden de 5 de diciembre de 1883. Madrid. Minuesa de los Ríos.1889 y 1891.Tomos III-IV. [NdE]: Para más información sobre estas sesiones en Alicante, Alcoy y Elche, ver Asociación y Cooperación.

10Aracil – Bernabé – García Bonaté, “Moviments socials d’Alcoi: un intent de cronología”.

11Rafael Altamira, Derecho consuetudinario y economía popular en la provincia de Alicante, págs,. 48-49. Revista de Alcoy, 13-VII-1889, citada por Julio Berenguer, en su Historia de Alcoy (“Está próxima a terminar la huelga en que se declararon el lunes los hiladores”).

12Aracil- Bernabé – García Bonafé, artículo citado.

13El Liberal, 18-IV-1891.

14Aracil – Bernabé – García Bonafé, artículo citado. Ver, El de Mayo de 1890 en la provincia de Alicante

15Informe de A. Martinez Soto, en El Liberal, 18-IV-1891.

16Sobre esta huelga hay información en El Serpis, 12 y 14-VI-1894, La Unión Republicana, 16-VI-1894, y El Alicantino, 14-VI-1894.

17Comentario reproducido en El Alicantino, 16-VI-1894.

18El Alicantino, 7-XII-1894.

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