Portuarios [V]: Predominio SINDICALISTA

La influencia sindicalista entre los portuarios alicantinos alcanzó su punto culminante entre 1919 y mediados de 1920. Ese predominio fue bastante efímero por la represión llevada a efecto por el Gobernador Civil, Dupuy de Lome, y terminó en marzo de 1920. Con todo ese período fue muy rico en experiencias y en varias situaciones.

En los primeros meses de 1919, los portuarios mostraron su solidaridad con los huelguistas de las “Industrias Babel y Nervión”, amenazando con boicotear las mercancías destinadas a esa empresa si no accedía a las peticiones de los trabajadores1. A primeros de marzo, suspendieron su trabajo en solidaridad con la protesta organizada por el Círculo Unión Mercantil contra la elevación de las tarifas ferroviarias.

Poco después estallaba la primera de las huelgas de este conflictivo año. El 11 de marzo pararon los obreros, que pedían los mismos jornales que sus compañeros de Barcelona, valencia y Sevilla, que oscilaban entre las 10 y las 12 pesetas diarias, por tratarse de un trabajo expuesto e inseguro. El Gobernador Civil, De Federico, pidió a las directivas de las Sociedades Obreras que volviesen al trabajo, mientras el efectuaba unas gestiones para resolver el conflicto, pero una asamblea de portuarios, celebrada en la Casa del Pueblo, rechazó esa petición. El Sindicato de Navieros se reunión inmediatamente y se llegó a un rápido acuerdo el día 12 se reanudaba el trabajo con triunfo de los obreros, que consiguieron unas mejoras muy cercanas a las que habían solicitado2.

Según la prensa, el puerto alicantino comenzaba entonces a recuperarse, por lo que preguntaba a patronos y obreros si era patriótico mantener posturas intransigentes en tales momentos y si no contribuían “inconscientemente a la total ruina de nuestro Puerto3. Los portuarios se sentían muy fuertes en su organización: amenazaron con la huelga si se les concedía a los capataces peticiones que consideraban exorbitantes4 y poco después, tuvieron una gran participación en la huelga general que se produjo en la ciudad a fines de marzo5, dejando de trabajar el 27 de marzo y no volviendo al trabajo hasta el 2 de abril.

En el mes de junio declararon los trabajadores del puerto el boicot a los capataces Ayala, Rubio y Segura, por despido improcedente de un obrero. El resto de los capataces presionó para que se levantase esa medida y los trabajadores se pusieron en huelga: en el fondo de este asunto estaba una reclamación de “La Marítima” por valor de 35 pesetas, importe de los sueldos de unos esquiroles en una faena que debían de haber hecho los asociados6. Poco después se volvió al trabajo, pero manteniendo el boicot a los citados capataces –que se seguían negando a pagar las 35 pesetas-. Los trabajadores se dirigieron a la opinión pública ya los comerciantes exponiendo sus posiciones: no les gustaba perder jornales que les hacían falta para vivir, pero tenían que velar “por los prestigios colectivos de nuestras organizaciones”; los capataces habían de pagar sólo 11’65 pesetas cada uno, por haber incumplido unos acuerdos previos; si se negaban no era por el dinero, sino para provocar una huelga, con el consiguiente cortejo de esquiroles, violencia y debilitación de la organización obrera; por ello, proponían a los comerciantes la supresión de tales intermediarios, con lo que “el mismo comercio resultará beneficiado7.

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Según El Luchador, la culpa de este conflicto la tenían los capataces que se empeñaban en destruir la organización obrera, perjudicando a todos y en particular, al comercio: “Nuestro puerto tiene poco tráfico de productos naturales, es más de tránsito, y si con frecuencia se promueven diferencias, indudablemente el perjuicio será general. En tal caso, Valencia y Cartagena, y aún puertos de menos importancia, se beneficiarían a costa del nuestro”. Por lo tanto, los capataces tenían que abandonar su testarudez y los trabajadores pensar que de una huelga podría surgir una sociedad “amarilla” y por tanto, menos probabilidades de encontrar trabajo8. Según Diario de Alicante, la naviera Ibarra –que mantenía a su servicio al capataz Felipe Bergé, muy enemistado con los obreros- encontraba muchas dificultades para que sus buques faenasen en el puerto de Alicante por el citado boicot9. Para el portavoz de la patronal, El Día, la huelga se había complicado excesivamente10.

A primeros de julio los obreros marítimos acordaron pagar una cuota de una peseta semanal para los huelguistas y presos de la Confederación Regional del Trabajo de Valencia (CNT)11 y trataron de mantener su posición, imponiendo una multa al patrón de una barca que transportaba mármol, cuando se había declarado el boicot a tal mercancía, por solidaridad con los obreros marmolistas12. Los trabajadores marítimos fueron de los primeros en adherirse a la Federación Local de Sociedades Obreras, creada el 2 de julio de 1919, y pronto nombraron sus delegados en ella13. Era un paso más en la ofensiva sindicalista y el día 19 de julio se declararon en paro los obreros del puerto reclamando un jornal mínimo de 15 pesetas diarias y 5 pesetas por cada hora extraordinaria, eliminado categorías: es decir, un salario igual para todos los trabajadores del puerto, fuesen terrestres, marítimos o gabarreros. Las entidades patronales afectadas –Sindicato de Exportadores de Vinos, Cámara de Comercio- se mostraron dispuestos a acceder a ello “si una entidad obrera responsable garantizase que no ha de alterarse (el salario convenido) durante el transcurso de una serie de años14. Esta pretensión de estabilidad en los salarios, en unos momentos de constante subida del coste de la vida, no la podían aceptar los trabajadores.

Hubo reuniones en la Cámara de Comercio y en la Casa del Pueblo, y en principio, la Cámara de Comercio y el Sindicato de Exportadores así como representantes de otras industrias y comercios se negaron a aceptar el aumento del jornal solicitado por los trabajadores, apoyaron a los capataces boicoteados, y se mostraron dispuestos a aceptar la preferencia de los trabajadores afiliados a las sociedades obreras, “pero sin exclusivas15. Las gestiones del Gobernador Civil interino no dieron ningún resultado y se decía que “una sociedad obrera de Valencia había ofrecido a la Cámara de Comercio todo el personal necesario para organizar los trabajos paralizados por la huelga16. El Gobernador Civil Dupuy de Lome, nombrado en sustitución del enérgico Mestre Laborde, trató de informarse17. Los patronos comenzaron a contratar esquiroles, que llegaron el día 27 por el ferrocarril de La Marina18, pero fueron convencidos por los argumentos de los huelguistas y la hostilidad de sus mujeres y niños, por lo que la misma tarde regresaron a sus casas. La CNT apoyaba abiertamente la huelga y la Federación Regional Levantina, con más de 117.000 afiliados, había mandado a finales de mes más de 52.000 pesetas para pagar los jornales a los parados19. Los obreros asociados trabajaban en aquellos vapores que accedían a pagar el aumento pedido y seguían en huelga contra los que no aceptan pagara las quince pesetas, “pues con ellas apenas pueden atender con gran economía a las necesidades de sus hogares en estos tiempos de carestía20. Según Diario de Alicante, se trataba de “un pleito en el que juega más el amor propio que el desinterés y la cordialidad, con grave quebranto de Alicante, cuyo sosiego se ve perturbado hoy21.

El conflicto termino el día 29 de la tarde con un nuevo triunfo obrero22, pues se acordó un salario de 14 pesetas por jornada, 9 por media jornada y 4 pesetas cada hora extra. Estos jornales regirían hasta que en otros puertos se pagasen también las 15 pesetas que pedían los obreros. Por otra parte, se marginó a los tres capataces causantes del conflicto. Se acordó en que en futuras ocasiones las cuestiones se resolverían directamente entre obreros y una comisión de navieros y consignatarios. Da, pues, la impresión de que éstos estaban dispuestos a buscar aún un entendimiento con los trabajadores, pasando por encima de la actitud más intransigente de los capataces, e incluso pensaron en la supresión de éstos, sustituyéndolos por una comisión de tutela de las entidades patronales –Junta de Obras del Puerto, Cámara de Comercio, exportadores de vinos- y unos encargados de dirigir las operaciones de carga y descarga23. Se acordó también la readmisión de todos los trabajadores asociados despedidos y el despido de los esquiroles que, atraídos por la promesa de trabajo seguro, hospedaje y un salario de 11 pesetas, habían acudido desde Valencia. Los esquiroles despedidos acabaron solidarizándose con “los trabajadores rojos” y haciendo noche en la Casa del Pueblo antes de regresar a sus hogares. El triunfo obrero fue, pues, completo24. La prensa, que había mostrado su preocupación por esta proliferación de huelgas25, expresó su alegría por la solución del conflicto: el muelle “”es respecto a nuestra capital, lo que para el cuerpo humano el corazón: esencial26. Reivindicación criticaba la información de El Día –que se titulaba “Ni victoria ni derrota”- y hablaba del “gran triunfo” de toda la clase obrera27.

00_cab_Reivindicacx_ALICNTE1919Al propio tiempo, Reivindicación extraía como consecuencia de este triunfo la necesidad de crear en Alicante el Sindicato Único del Transporte, sobre cuyas ventajas había hablado a los obreros del puerto el valenciano Colomer el día 30 de julio La propaganda anarcosindicalista fue surtiendo efecto y a iniciativa precisamente de “La Marítima”, se creó el Sindicato Único del Transporte, a primeros de agosto. Y en una reunión a la que asistieron 800 afiliados –lo que da idea del entusiasmo con que se acogió la nueva organización- las sociedades del muelle nombraron sus representantes en el flamante Sindicato Único28.

La situación en el muelle seguía siendo muy complicada: al parecer, las navieras no aceptaron el compromiso suscrito por los consignatarios alicantinos, manifestando que estaban enfrentados a los obreros de la CNT en huelgas similares en valencia y Barcelona y que no estaban dispuestos a ceder29. De otro lado, los obreros pidieron por oficio a la Cámara de Comercio y al Sindicato de Navieros un aumento de jornal en septiembre, mientras que apoyaban –por acuerdo del Sindicato Único de Transportes- una huelga de marinos mercantes, declarando el boicot a la Compañía Transmediterránea30. Así las cosas, se produjo un incidente con un guardia civil en el puerto que derivó en una huelga general y en un mitin en la Plaza de Toros “para tratar de la cuestión social en Alicante”, al que asistió “enorme concurrencia” y que fue un verdadero “recuento de fuerzas”, como aseguró un orador sindicalista. Ante la promesa del Gobernador Civil de retirar del puerto al guardia civil causante del conflicto, las sociedades obreras acordaron volver al trabajo.

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Este conflicto marcó el cenit de los sindicalistas alicantinos, pues la clase dominante comenzó ya a asustarse ante sus reivindicaciones y la prensa hablaba de la excesiva proliferación de paros generales y de la fanfarronería obrera31. Se advertía de la posibilidad, ya expuesta como amenaza por algunas navieras, de que ningún buque hiciese escala en el puerto alicantino por su conflictividad32 y el propio Ayuntamiento se dirigía a los parlamentarios para que “exciten el celo del Gobierno para que, orillando las diferencias que existen entre los obreros del puerto y las empresas navieras, se restablezca el tráfico marítimo en nuestra ciudad”33.

A finales de 1919 surgió en el muelle un conflicto parcial que fue extendiéndose hasta llegar a una huelga general, que provocaría la enérgica intervención del gobernador civil Dupuy de Lome, apoyado por algunas organizaciones mercantiles y por el Sindicato Católico. La detención y deportación de destacados sindicalistas, en enero de 1920, sería la medida que quebraría la resistencia del Sindicato Único, como veremos.

Los enfrentamientos de las sociedades obreras del puerto con el capataz Felipe Bergé venían de antiguo; cuando se produjo el boicot de los obreros contra Ayela y Segura, el resto de los capataces les apoyaron con un lockout y Bergé empleó a varios esquiroles; cuando triunfaron los obreros, le exigieron que les pagase los jornales que habían dejado de ganar en esa ocasión y que cesara como capataz, lo que se llevó a cabo. Entre tanto, surgieron incidentes por la descarga de algunos buques de la Transmediterránea por esquiroles del Sindicato Catlico, protegidos por la Guardia Civil34. Así las cosas, en diciembre, el consignatario Ravello y la naviera Ibarra volvieron a contratar los servicios de Felipe Bergé. Las sociedades obreras declararon el boicot, que perjudicaba gravemente a los exportadores de vinos, pues pese a que los esquiroles seguían trabajando, protegidos por la fuerza pública, las mercancías se acumulaban en el muelle. La prensa criticó la posición intransigente de Ravello e Ibarra: “Por el amor propio de una Compañía Naviera, Alicante está amenazada hoy de días luctuosos y su comercio ve con espanto cómo se cierne sobre él la ruina35. Se trataba de “una grave situación, por la intransigencia de unos pocos36.

Los exportadores de vinos se comprometieron entonces a no dar trabajo al capataz Bergé. En la prensa aparecieron varias opiniones sobre la situación: un ciudadano llamado Ramos –que, según Diario de Alicante, reflejaba “la opinión de buena parte de la ciudad37– se preguntaba qué pretendían los obreros: habían conseguido trabajar ocho horas, ganar 14 pesetas de jornal, 4 pesetas por hora extraordinaria, el doble los festivos y las horas de madrugada, y que se emplease determinado número de obreros en los trabajos; ahora quería obligar a los navieros a tener los encargados que a los trabajadores les gustasen; en su opinión, el obrero “debe aspirar a conseguir ser remunerado en forma que pueda atender a todas sus necesidades, pero no querer ser rey absoluto para que impere siempre su voluntad”. En general, pensamos que sí reflejaba esta carta la opinión dominante en la ciudad, entre su clase media y alta, pues ya no se planteaban reivindicaciones económicas, sino algo más profundo. Por su parte, Bergé aseguraba que los obreros le habían impuesto una muta de 1.000 pesetas con la amenaza de no permitir que le llegasen mercancías a su fábrica de pulpa de albaricoques y que se había retirado de capataz para que reinase la paz.

Al día siguiente, contestaba Francisco Carrasco, por “La Marítima”, haciendo historia del conflicto, recordando que se trataba de una huelga por dignidad, que si se ganaban salarios altos era “a costa de sacrificios enormes” y del peligro de contraer la tuberculosis, mientas que los capataces ingresaban sumas enormes de dinero sin trabajar; criticaba a Bergé, que les había demostrado “un odio grandísimo y está al servicio del Corazón de Jesús”. Finalmente, también exponía Carrasco sus concepciones sobre la producción, el consumo y el régimen capitalista38. Diario de Alicante hacía protestas de neutralidad y alardeaba de liberalismo, criticando el estilo literario de Carrasco39, quien al día siguiente le recordaba al periódico que ello se debía a haber sido lanzado al trabajo “en edad prematura”; negaba que fuese el director de los obreros, ya que en el sindicalismo revolucionario no existían dirigentes, y atacaba al sindicalismo católico y a sus impulsores: “Yo ataco al jesuitismo porque sirve de mantener de tradiciones asquerosas con interés de monopolizar la producción, creando organismos negros para romper huelgas, y en resumen, porque son atrasados, tiránicos y absolutos, en fin, malísimos40.

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Los obreros portuarios fueron apoyados en esta huelga por otros sectores de trabajadores: así, las cigarreras rechazaron los fardos de tabaco descargados y transportados por esquiroles. Surgieron ya varios incidentes con éstos en el puerto: uno de ellos fue arrojado al agua y otro tuvo que sacar la “browning” para defenderse. De otro lado, las fuerzas de Seguridad actuaban de forma muy parcial, tratando de quebrantar la resistencia obrera. Reivindicación publicó un editorial, “Nuestra protesta”, ante hechos tan “bochornosos, arbitrarios, canallescos y viles”, y acusó al Gobernador Civil de provocar el desorden, advirtiéndole que “no busque con provocaciones escandalosas a los obreros, porque el más pacífico esclavo, cuando se le busca, se le encuentra y hoy estamos todos unidos41.

La Compañía Ibarra suspendió sus escalas en Alicante ante la situación, cada día más tensa. Se reunieron entonces en la Junta de Obras del Puerto representantes de diversos organismos alicantinos y acordaron enviar un telegrama a Ibarra pidiendo la destitución de Bergé, que era la condición impuesta por los trabajadores para volver a la normalidad42.

La situación de agravó poco después; el último día de 1919 estalló un petardo en el puerto43; el 1 de enero estalló otro en un almacén de un consignatario, causando cuantiosos daños materiales44, se rumoreó que había estallado otro en la fábrica de conservas de Felipe Bergé, rumor que resultó ser falso. Hubo nuevos incidentes con los esquiroles, condenados por la prensa45 y entre la Guardia Civil y los espectadores de los incidentes. La prensa criticó unánimemente estos hechos: “El esquirol merece, como ciudadano, todo nuestro desprecio”, pero había que rechazar las soluciones violentas, decía El Luchador. Y El Día publicó un editorial, titulado “Crímenes”, al que contestó Carrasco desde las páginas de Diario de Alicante46. Los trabajadores parecían muy animados a continuar la huelga47 y publicaron una nota dirigida “Al comercio, en general”, firmada por el Sindicato Único de Trabajadores, en la que comunicaban su acuerdo, ante la gravísima situación creada por el conflicto con las Navieras, de permitir retirarlas mercancías retenidas en el puerto, para demostrar así “que por encima de la intransigencia despótica de compañías explotadoras está la dignidad del obrero organizado48.

Comenzó entonces una enérgica actuación represiva del Gobernador Civil, Dupuy de Lome, que dispuso la detención por orden gubernativa de numerosos obreros, dirigentes de los distintos oficios acogidos en la Casa del Pueblo49. Los trabajadores contestaron declarando el paro general y el día 9 de enero no se publicó la prensa -por unirse al paro, pese a sus simpatías por el socialismo, los tipógrafos-, acudieron numerosos trabajadores a visitar a los presos –a quien defendía Guardiola Ortiz-, mientras vigilaban las calles fuerzas de Seguridad y la Guardia Civil. En el puerto trabajaban sólo los “amarillos”, no circulaban los tranvías, abrieron lo cafés, aunque no fueron a trabajar ni camareros ni cocineros, los soldados y los dueños de las tahonas tuvieron que fabricar el pan. El paro, pues, era absoluto y el Gobierno envió desde Barcelona un cañonero, el “Álvaro de Bazán”50.

En los días siguientes, continuó la huelga y la actuación de Dupuy de Lome que declaró ilegal una huelga de tranviarios y electricistas, pidió carros a los particulares para entrar el carbón desde el puerto y prohibió una hoja del Sindicato Único51. Los presos gubernativos fueron trasladados al castillo de Santa Bárbara, mientras continuaban las detenciones. Apareció un petardo, que no llegó a estallar, en la redacción de El Día. Los tranvías comenzaban a circular, en carros particulares se retiró del muelle el carbón y el trigo, la Casa del Pueblo seguía cerrada. La ciudad poco a poco recuperaba su aspecto habitual y el día 12 el “Álvaro de Bazán” zarpó para Cartagena. El día 13 volvían los obreros al trabajo, completamente vencidos52.

Fue ésta derrota –junto con las detenciones de los sindicalistas más destacados, al amparo de la suspensión de las garantías constitucionales- un durísimo golpe para el Sindicato Único, cuyos líderes continuaban presos, sin estar sometidos a proceso, a finales de enero y eran deportados, en febrero, por toda la geografía española53. Las fuerzas vivas de la ciudad organizaron un homenaje, con entrega de un bastón de plata al Gobernador civil, Dupuy de Lome, “por haber hecho abortar la campaña sindicalista en Alicante54.

El día 16 de enero, en el puerto reinaba la tranquilidad. Poco antes, el Gobernador Civil se reunió con los consignatarios y ante la actitud pusilánime de algunos –que trataban de buscar aún un entendimiento con los trabajadores- afirmó enérgicamente que había que acabar con el “actual estado de cosas” y les dio a elegir entre “el boicot de los obreros o el de la primera autoridad”, lo que, al parecer, les convenció55.

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NOTAS:

1El Luchador, 11-I-1919.

2Hay disparidad en la prensa sobre los salarios obtenidos tras la huelga, aunque en general, eras similares a las que regían en el puerto de Valencia (La Región, 9 y 12-III-1919, El Luchador y El Tiempo, 12-III-1919, El Correo, 13-III-1919).

3Voces de cordura”, en La Región, 12-III-1919.

4El Luchador, 13-III-1919.

5Uno de los primeros detenidos fue el destacado sindicalista Francisco Carrasco, que pertenecía a “La Marítima”. NdE: Francisco Carrasco Belmonte, fue un anarquista, sindicalista y naturista alacantino, que en 1912 había comenzado su militancia cerca de los socialistas, pero poco a poco se fue decantando por el sindicalismo revolucionario y ya en 1917 figuraba vinculado a La Marítima. Tomaría parte en el congreso provincial de la CNT de Alicante en 1919 y luego en el nacional del teatro de la Comedia de Madrid en nombre de la Federación Local. Detenido a principios de 1920, fue deportado a Cuenca, Madrid y Teruel; para volver cuatro meses después y defenderese de la acusación de tenencia de explosivos, de la que fue absuelto.

6El conflicto del puerto”, en El Luchador, 16-VI-1919, y El Día, 14 y 16-VI-1919.

7Manifiesto a la opinión pública que firmaban Miguel Lloret (“La Marítima”), José Latorre (“La Terrestre”) y Manuel Cuenca (“La Paz”), en El Luchador, 17-VI-1919. NdE: Entre ellos destaca Miguel Lloret Zaragoza, anarquista, naturista y sindicalista alacantino adscrito al sindicato La Marítima, donde ocupó diferentes cargos desde comienzos de la decada de los años 10, llegando a ser presidente en 1919. En agosto de ese mismo año sería miembro del comité de huelga de los Carreteros y delegado en el congreso provincial del otoño y, todo seguido, también asistió al congreso nacional de la CNT en nombre del Sindicato Único del Transporte. Fue detenido en enero de 1920 y poco despuès deportado a pie a Teruel.

8El Luchador, 16-VI-1919, propuso la formación de un Tribunal de arbitraje, formado por capataces, obreros, la Cámara de Comercio y la Junta de Obras del Puerto.

9Diario de Alicante, 21-VI-1919, El Día, 23 y 24-VI-1919, y La Región, 7-VII-1919.

10El Día, 16 y 17-VI-1919. Más información sobre la huelga en La Región, 16, 8 y 25-VI-1919.

11El Día y La Región, 1-VII-1919.

12El Luchador, 5-VII-1919.

13La Marítima se sumó a la campaña sindicalista para pedir el indulto de Villalonga, al mismo tiempo que mantenía su boicot a Bergé, “sin perjuicio de hacerlo extensivo a la compañía Ibarrasi lo mantenía en su puesto (La Región, 7-VII-1919).

14El Luchador, 21-VII-1919.

15El Día, 21-VII-1919.

16El Día, 23, 24, 26 y 28-VII-1919, y La Región, 26, 28 y 29-VII-1919. Este diario habla de una asistencia de mil quinientos obreros a las asambleas que celebraban los portuarios en la Casa del Pueblo.

17El Luchador, 26-VII-1919.

18El Luchador, 29-VII-1919, atribuía esta llegada a los intentos, protagonizados por un sacerdote valenciano, de crear en Alicante un Sindicato Católico.

19El Luchador, 28-VII-1919.

20Reivindicación, 20-VII-1919. Este periódico, órgano de la Federación Local de Sociedades Obreras de Alicante, aseguraba que los capataces ganaban, en cambio, más de 200 pesetas diarias.

21Diario de Alicante, 29-VII-1919.

22Han tenido un verdadero triunfo los obreros del muelle. Lucharon desde el primer día con energía y tesón, despreciando a los que por su baja ralea se dedicaban a reclutar esquiroles(El Radical, 2-VIII-1919).

23Diario de Alicante, 29 y 30-VII-1919, La Región y El Día, 30-VII-1919.

24El Luchador, 30-VII-1919, y Periódico para Todos, 31-VII-1919.

25Las huelgas de Alicante”, en Diario de Alicante, 29-VII-1919.

26El Luchador, 31-VII-1919.

27Reivindicación, 3-VIII-1919.

28Periódico para Todos, 26-VIII-1919. NdE: Pieza clave en este proceso fue José Morales Tebar [Barcelona, 30-08-1896 / Saint Symphorien de Lay, 13-12-1946], obrero anarquista, autodidacta y culto, que en la primavera de 1914 había llegado por primera vez a Alicante incorporado a una comisión obrera que estudiaba el problema de las subsistencias. Le situamos en Barcelona otra vez desde 1917, interviniendo en la huelga de la Canadiense y huyendo hacia Alicante, donde sería uno de los fundadores del Sindicato Único de Transportes marítimo. Sufrió represalias por significarse como uno de los principales militantes anarco-sindicalistas locales, y en diciembre de 1921, estaba preso a espera de juicio, acusado falsamente de la colocación de una bomba en una aserrería, siendo absuelto en juicio celebrado a finales de año. Continuó siendo un destacado militante portuario durante la dictadura de Primo de Rivera, la República y la Revolución.

29El Día, 2-VIII-1919, y Periódico para Todos, 6-VIII-1919.

30El Luchador, 11 y 18-IX-1919, El Día, 18-IX-1919, y Reivindicación, 21-IX-1919: asamblea del Sindicato Único del Transporte, a la que asistieron capitanes, pilotos y maquinistas en paro, y en la que se acordó seguir solidarizados con ellos.

31Incluso El Luchador, 23 y 24-iX.-1919, que antes había apoyado a los obreros.

32El Luchador, 11-X-1919.

33Sesión del 25-X-1919.

34Diario de Alicante, 3-XI-1919, El Correo, 4 y 6-XI-1919, La Región, 10-XI-1919.

35Diario de Alicante, 11-XII-1919.

36El Luchador, 10-XII-1919.

37Diario de Alicante, 16-XII-1919.

38Diario de Alicante, 27-XII-1919.

39Diario de Alicante, 18-XII-1919.

40Diario de Alicante, 19-XII-1919.

41Reivindicación, 21-XII-1919. En otro artículo de ese mismo número, F. Carrasco insistía en sus ataques al “poncio inútilcon un lenguaje muy agresivo: ”hiena ciervuna, “reptiles, “gentusa (sic) que vive del robo y del engaño, etc. Aludía al destierro de otro sindicalista, Tortosa, acusado de perturbar el orden público, y preguntaba qué otra cosa estaba haciendo “el manso Bergé, “confidente de la Compañía de Jesús, vulgo compañía de criminales detentadores de la producción y borrachos; pedía finalmente a los obreros que arrojasen a ”esta morrallay luchasen por la rebeldía: “dignidad sin pan, y no pan sin dignidad.

42El Luchador, 31-XII-1919. Pedía la naviera una fórmula decorosa y varios organismos económicos de la ciudad le propusieron que durante tres meses se encargase, desinteresadamente, la Junta de Obras del Puerto, bajo la dirección de Próspero Lafarga, de las faenas de carga y descarga de los buques de Ibarra (El Luchador, 3-I-1920).

43Diario de Alicante, 2-I-1920.

44El Correo, 3-I-1920.

45Sangre, no”, editorial en El Luchador, 31-XII-1919.

46Diario de Alicante, 2-I-1920. El Luchador, 5-I-1920, advertía: “Nosotros rechazamos toda clase de terrorismos, el de arriba y el de abajo.

47En Diario de Alicante, 7-I1-920, “Uno del Sindicato Único” animaba en un articulo titulado “¡Avante!” a sus compañeros: “Adelante, que ya sabemos quiénes son nuestros enemigos: la autoridad, el capital y la ignorancia. ¡Adelante, que es nuestro el triunfo!”.

48Diario de Alicante, 7-I-1920.

49Diario de Alicante, 8-I-1920, publicó la lista de los obreros detenidos. Véase también “El conflicto del puerto. Lamentables derivaciones”, en El Correo, 8-I-1920.

50Diario de Alicante y El Luchador, 10-I-1920.

51Al pueblo y al comercio”, en la que desmentían la acusación del Círculo de Unión Mercantil, según la cual la Casa del Pueblo hacía pagar determinadas exacciones por retirar las mercancías del puerto. Dupuy de Lome multó con 200 pesetas a Lorenzo Carbonell, por haber impreso la hoja.

52Diario de Alicante, 12 y 13-I-1930. El Luchador, 13-I-1920 pedía la libertad de los presos, la apertura de la Casa del Pueblo, la solución del pleito con Bergé y el fin de la huelga de los marinos.

53Diario de Alicante, 22-I-1920.

54Diario de Alicante, 17 y 19-I-1920.

55La Unión Democrática, 16-I-1920.

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